El dolor crónico es una de las situaciones más difíciles de afrontar. Es una de las consecuencias que se derivan del estrés o de los problemas traumáticos. Se ha evidenciado en estudios relacionados que, a mayores situaciones adversas en la infancia, mayor es la probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas. En el estudio original de experiencias infantiles, iniciado en 1995 por los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) y Kaiser Permanente, dos tercios de los más de 17.000 sujetos que completaron encuestas confidenciales sobre su infancia informaron haber experimentado al menos una experiencia adversa en la infancia (ACE, por sus siglas en inglés). Investigaciones posteriores se han centrado en cómo estas experiencias afectan la salud física y mental de las personas, y su bienestar a medida que crecen.
Lo que confirma la ciencia más reciente
Lo que aquel estudio pionero de 1995 sugirió, la investigación de los últimos meses lo ha seguido confirmando, y con más fuerza:
- Una revisión sistemática y metaanálisis (2024), que reunió 52 estudios, encontró que los adultos con experiencias adversas en la infancia tienen casi el doble de probabilidad de desarrollar dolor crónico, y que el riesgo de fibromialgia se triplica en quienes vivieron abuso físico.
- Un estudio del Hospital Universitario de Innsbruck, Austria (2025), con más de 2.500 pacientes, encontró que quienes vivieron cuatro o más tipos de experiencias adversas (lo que se llama «politraumatización») tienen un riesgo tres veces mayor de dolor crónico en la adultez, y que el momento del desarrollo en que ocurrió esa adversidad también influye en el resultado.
Estos hallazgos no buscan asustar; buscan validar lo que muchas personas con dolor crónico ya sienten en el cuerpo: que esto no «está en tu cabeza», y que tampoco es casualidad.
- Otro metaanálisis publicado a inicios de 2026 encontró que las experiencias adversas en la infancia se asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo en la adultez, en especial en personas menores de 65 años, y que la negligencia emocional específicamente se relaciona con ese deterioro.
En otras palabras: el dolor crónico y las dificultades cognitivas que muchas personas arrastran no son «debilidad» ni «falta de voluntad». Son la huella biológica de algo que el cuerpo y la mente tuvieron que cargar solos, muchas veces sin que nadie lo nombrara a tiempo.
Pequeñas heridas también pesan
Incluso si no pasaste por un gran trauma, pequeñas dosis de dolor en tu vida, con mínima carga emocional pero sostenidas durante varios años, se convierten en un patrón que tu cuerpo almacena de manera negativa, y de ahí surge el dolor como resultado. El lugar donde el dolor se almacena es fundamental para comprender el significado de lo que el dolor te está diciendo.
Cuando somos jóvenes, o estamos llenos de energía para disfrutar la vida, muchas veces caemos en excesos que nos llevan a ciclos o círculos viciosos que se convierten en formas de escape ante la ansiedad o la depresión. En ese momento las emociones parecen volcarse sobre nosotros, pero a la vez escapamos de ellas y las olvidamos; generalmente, en esa etapa de la vida, no buscamos ayuda, solo lo hacemos cuando el cuerpo reacciona y nos detiene. Así funciona: hasta que algo no nos ocurre, no aprendemos.
Las máscaras que no elegimos
Posiblemente pasamos por situaciones difíciles con nuestros padres: violencia de la que fuimos víctimas, abandono, o incluso sobreprotección que detuvo nuestro crecimiento. De manera muchas veces inconsciente, nos quedamos con heridas emocionales como el abandono, el rechazo, la traición, la injusticia o la humillación; heridas que no reconocemos y que han formado las máscaras que usamos para poder vivir en nuestro entorno. La enfermedad es una de las formas que toma la herida no superada.
Si tienes un dolor crónico, hazte esta pregunta: ¿Cuál es la herida que no he sanado? ¿Qué pasó con mi niñ@ interior, para que ahora todo se haya manifestado en esta enfermedad?
Las claves para no morir en el intento de vivir con dolor crónico
- Acepta el dolor. Él es la puerta para la transformación, está ahí como un informante. Incluso quienes más confían en su cuerpo no tratan de disminuirlo o anestesiarlo con medicación —aunque esto es decisión de cada persona—. Lo importante es que, en el momento en que lo sientas, identifiques cómo lo sientes y anotes las palabras que salen de esa descripción. Esa es la clave para sanar.
- Analiza las posibles causas. Si ves que es algo que hiciste o dejaste de hacer, no te culpes; sé amable contigo mism@. Estás aprendiendo, y el dolor es tu maestro.
- Indaga en tu historia y recuerda cuáles son las memorias que guardas con más dolor en tu corazón.
- Dale un agradecimiento, dale una oportunidad, dale cabida al dolor como parte de tu proceso evolutivo.
- Elimina de tu vocabulario palabras como: no puedo, es que soy de mala suerte, es que todo es difícil, me toca luchar con la vida, esta vida es una tortura, me quiero desaparecer. Cómo hablas del dolor y de tu historia de vida dice mucho de cómo vives la enfermedad o el dolor crónico: él se alimenta de la queja, es su alimento preferido.
- Busca ayuda profesional para hablar de estas heridas. Lo que puedas identificar te puede sorprender, pues reconocer las heridas inconscientes y nuestras resistencias puede ser parte de un patrón o círculo de bloqueos que hace que el síntoma cobre sentido en tu vida y, por ende, se mantenga.
No te vas a morir físicamente por un dolor crónico, pero sí te puede deteriorar hasta el punto de afectar tu calidad de vida. Y tu vida será una muerte lenta cuando pierdas el sentido de lo que haces. Por eso es necesario dar cabida al dolor, para luego liberarlo, hacer una pausa en tu vida si es necesario, desarrollar el autoconocimiento y conectar con tu propósito.
Comprométete ahora. Esto es fundamental.
Con amor, Julie Bastidas, Psicóloga Clinica.
Fuentes de la investigación reciente citada
- Estudio de gemelos, Suecia (2025) — maltrato infantil y dolor crónico generalizado, controlando por genética compartida.
- Revisión sistemática y metaanálisis (2024, 52 estudios) — ACEs y riesgo de dolor crónico / fibromialgia.
- Riedl et al. (2025), Diagnostics — Hospital Universitario de Innsbruck: politraumatización infantil y dolor crónico en adultez.
- Fan et al. (2025), Annals of Medicine — trauma infantil temprano y desarrollo cognitivo-emocional.
- Wang & Huang (2026), Frontiers in Psychiatry — ACEs y deterioro cognitivo en la adultez.