- Cuando me diagnosticaron, pensé en cuán terrible, mortal o incómoda podría ser esta enfermedad. Me hubiera gustado que el urólogo que me atendió me dijera, con empatía, que realmente no me iba a quedar así para siempre; que era una situación de dolor y que debía tener mucha paciencia para ver resultados, pero que los iba a sentir y los iba a ver con claridad. No que «no tenía cura», y además de manera cruel y fría. Sé que médicamente te dicen eso para no crear falsas esperanzas, porque científicamente no hay una solución comprobada y la ética médica te dice lo que está demostrado. ¡Pero por Dios! Son muchos los ejemplos que han desafiado los diagnósticos médicos, y todo depende de a qué le das tu poder.
- Me hubiera gustado que mi urólogo me explicara qué es la trigonitis específicamente, y que muchas mujeres en el mundo la padecen,; que la causa, aunque no es conocida, no necesariamente es porque usaste anticonceptivos, o que eran mis estrogenos —que fue lo que me dijeron a mí, haciéndome sentir culpable.
- Me hubiera gustado saber que la trigonitis es solo un diagnóstico histopatológico y que, por tanto, no explica los síntomas por sí solo, y que me hubiesen descartado pronto otras enfermedades relacionadas, como la endometriosis, la neuralgia del pudendo o el dolor miofascial, entre otras.
- Me hubiera gustado saber que podía usar un cojín especial que evitaba que el dolor aumentara durante los espacios en los que permanecía sentada por mucho tiempo. Algo que vine a conocer un año y medio después.
- Me hubiera gustado saber que hay una diferencia clara entre la trigonitis y la cistitis intersticial, y que no necesariamente son lo mismo: si bien los síntomas son muy similares, los enfoques y tratamientos son diferentes y personalizados. No tienes idea todo lo que leí, y la diferencia entre los conceptos médicos realmente me dejó muy confundida.
- Me hubiera gustado saber la importancia de mover el cuerpo, por miedo me quede quieta, literalmente, nadie me dijo que debía mover mi cuerpo y conectar con mi suelo pélvico desde lo biológico, emocional y energético…
- Me hubiera gustado saber que debía empezar a eliminar alimentos realmente inflamatorios, y por tanto comenzar de inmediato con una dieta que eliminara el gluten, el azúcar, los ácidos, el café, las gaseosas y los productos con conservantes. Y que, si bien hay varios factores que influyen, uno muy importante está relacionado con la inflamación general de mi cuerpo, la cual activa síntomas; por tanto, haber tenido un manejo nutricional específico desde el principio habría sido clave, porque termine teniendo miedo al simple hecho de comer lo que sea y bajando más de 15 kilos.
- Me hubiera gustado que alguien me dijera que debía poner atención a mis emociones, y que la salida estaba en atender mi ansiedad y mi psiquis de inmediato, incluso antes del tratamiento medico propiamente.
- Me hubiera encantado que alguien me dijera que el guion mental con el que programé mi cerebro y cada célula de mi vida, sin darme cuenta, giraba alrededor de la narrativa del dolor y la ganancia de los síntomas al recibir más atención de los demás. Esto me hubiera hecho consciente de inmediato de mi rol como víctima.
- Me hubiera gustado saber que esta enfermedad estaba conectada directamente con cuatro emociones: el miedo, la impotencia, la culpa y la vergüenza, y que debía hacerme cargo de ellas cuanto antes para favorecer mi recuperación.
- Me hubiera gustado saber cuán importante era también revisar mi propósito de vida, y la cantidad de tiempo que gasté en no sentir el placer y el gozo al que tenía derecho.
- Me hubiera gustado saber que el piso pélvico es un todo, y que no eres solo una vejiga; que ella solo te está mostrando situaciones que no has resuelto en distintas áreas de tu vida. Que si vas al baño muchas veces no es que estés loca o te lo estés inventando, no es que algo ande mal contigo y el cuerpo decida castigarte, no es «que todo es psicológico», hay muchos aspectos que pueden influir en la biología. Pasando por el mismo cuerpo, hasta la mente y más allá.
- Pero, sobre todo, me hubiera gustado saber que no era mi culpa, y que no existe un medicamento milagroso que borre esto. Que necesitaba un acompañamiento integral con un urólogo, un ginecólogo especialista en suelo pélvico, un fisioterapeuta, un psicólogo experto en dolor crónico, un buen psiquiatra, y cualquier opción alternativa me resonara ¿Y todo esto para qué? Porque tu mente, tus pensamientos y creencias, tu lenguaje lo que dices y cómo lo dices, tus sentimientos, tu cuerpo y tu alma están en una sincronía que te enferma o te hace sentir saludable; y si no la atiendes, ahí sí hay peligro de perder el rumbo.
- Me hubiera gustado que los profesionales involucraran a mi familia, y que ellos pudieran entender el complejo cuadro y el apoyo que iba a necesitar para no colapsar en la incertidumbre y la desesperación.
Espero que esto te ayude a entender tu cuadro clínico con más claridad, y que busques la ayuda que esté a tu alcance. Los síntomas no son iguales para todas: el dolor crónico de piso pélvico incluye muchas patologías, tanto neurológicas, ginecológicas, urológicas, gastroenterológicas como psicológicas. Por eso, aceptar la condición es el primer paso para lograr mejores resultados.
Siempre tienes el poder de sanarte a ti misma
No importa la profundidad de los desafíos que encuentres, ni las limitaciones que tengas que enfrentar en tu vida: siempre tienes la posibilidad de sanar y liberarte del sufrimiento. Para ello deberás tomar responsabilidad por todas las cosas que se manifiesten y se hayan manifestado en tu vida, y así serás capaz de llegar a la raíz causal que permite la transformación y la sanación en todos los niveles de tu ser holístico.
Desde el momento del nacimiento existe en nosotras una increíble y vasta inteligencia, esperando ser liberada y utilizada. Tiene la sabiduría y el poder de sanarnos y de guiarnos en cómo vivir nuestra vida, accediendo a nuestro máximo potencial.
Comprométete ahora. Esto es fundamental.
Con amor, Julie Bastidas, Psicóloga Clinica.